lunes, diciembre 03, 2007

Discursos velados

Ayer, en la noche, fui con Columba a ver el documental de Mandoki, pero en realidad no hablaré sobre eso; tampoco sobre la sala vacía, literalmente vacía, sino sobre la figura central de la pantalla: la posibilidad del personaje y un rasgo de su lenguaje.

Si López Obrador llegó a ser una figura tan importante en el presente de México es porque ha estado consciente de que este país no sigue un "programa político" , ni es guiado a través de determinado cauce ideológico. Su lenguaje ha tenido la virtud de comprender que esta sociedad se mueve a causa de algo más soterrado. El año pasado, en las urnas no se expresaron "dos proyectos de nación", como quiere el maniqueísmo habitual. Lo que se depositó fue un amasijo de simpatías y discordias, nudos de miedo, pánico ante la posibilidad de perder lo que no se tiene, brotes espontáneos, reacciones ante lo inasible de "la realidad", esperanzas elevadas al rango de tic nacional, deseos contradictorios... Al margen de su voluntad, López Obrador entendió, acaso intuyó, que no era una visión democrática lo que realmente podría impulsarlo, por más que en eso tuviera que fundamentarse su alegato. Resultaban más determinantes ciertas tradiciones silenciosas del país, aunadas a los resortes de la irracionalidad. De ahí que la construcción de su legitimidad no se enfocara tanto en la construcción de los consensos como en la exaltación de la sensiblería y las pasiones gregarias. En este sentido —cómo su discurso expreso recogía energías históricas que no cobraban forma a partir del lenguaje—, la lucidez política del personaje me parece incuestionable. Pero es necesario pagarle con la misma moneda: uno no debe "analizar" sus discursos, sino escucharlos, no a partir de lo que manifiestan, sino por lo que dejan fuera. Esto es de particular relevancia en un país que apenas ha podido conocer dos o tres segundos de respiro en medio de constantes temblores.

Lo que en el fondo me interesa señalar es que las batallas no pueden leerse por completo a partir de la sintaxis que las encubren. La historia es, también, un territorio desierto, donde pocas cosas son más pesadas que el silencio.

3 Comments:

Blogger Capitán Tomate said...

Bonita bitácora. Me duele lo que pasó con Andrés Manuel. No me refiero a ese asunto menor de la elección, sino a otro menos conocido: el de los derroteros de su vida. Andrés Manuel era un pelotero excepcional. Magnífico chocador de pelota allá en los llanos beisboleros de Macuspan, Tabasco. Todo mundo daba por descontado un futuro brillante en Grandes Ligas. Pero se metió a estudiar ciencias políticas y… Bueno, la historia ya la conocen.

1:58 a. m.  
Blogger Jorge Solís Arenazas said...

Capitán:

Sí, algo he escuchado de eso. Dicen que tenía un buen slider, una buena curva, que su fildeo era más que decoroso... De su bateo he escuchado que no resultaba ninguna maravilla, pero sí era aceptable.

Lo que sucede es que en este país a todos les da, en algún momento, por ejecutar (mal) el squezze play cuando ya llevan dos strikes en la cuenta.

Un saludo.

9:30 a. m.  
Blogger Leonardo de Valdivia said...

si yo tuviera que definir a un escritor, lo definiría como un HIPNOTIZADOR GRAFICO; en efecto, poco a poco el encanto de las palabras dse apoderan de nosotros como del cerebro de un licor fino, vamos sin darnos cuenta, deponiendo nuestras defensas racionales y no nos damos cuaenta de quedar atrapados. Príncipe Nelson.

9:42 a. m.  

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